¡Oh, el mundo gira!

 


DISCURS.O.S. por Melguencio Melchavas
Número 152

9-7-2000

 

Lógica borrosa: más o menos

 

La Lógica Borrosa (Fuzzy Logic) nació en California en 1965, de la mano de Lofti Zadeh, un ingeniero iraní educado en Azerbaiján. Su desarrollo exponencial se está produciendo en el Japón del cambio de siglo, y los orígenes filosóficos de su aplicación en ingeniería se remontan al siglo pasado. Fue entonces cuando Peirce, primero, y Lukásiewicz después, formularon que en la Lógica de las Funciones Veritativas se podían admitir tres o más valores, además de los dos clásicos de verdadero y falso, y la llamaron Lógica Polivalente. Durante los años veinte, Bertrand Russell avanzó en su formulación, señalando la imposibilidad de precisar, por cuanto que todo es vago; así, la llamó Lógica Vaga y se convirtió en el abuelo de la Lógica Borrosa. Hoy, los artículos electrónicos sin componentes borrosos se están quedando desfasados; hasta la NASA utiliza Lógica Borrosa para el proceso de maniobras de acoplamiento.

 

Se trata de un intento de aplicar en la programación de los ordenadores una forma más humana de pensar: se les da instrucciones lógicas intermedias entre las evaluaciones convencionales (pasamos del sí/no o negro/blanco a, por ejemplo, “más bien caliente” o “poco frío”). La noción más básica en la Lógica Borrosa es el Conjunto Borroso. Por ejemplo, si tenemos que hacer un estudio sobre la juventud y ponemos los veinte años como edad límite, un individuo será joven para nuestra investigación el día anterior a su veintiún cumpleaños, pero no un día después. Aplicando el Conjunto Borroso, este joven lo será aún después de su cumpleaños, pero en un porcentaje inferior, hasta que dejará de ser considerado como joven cuando su porcentaje de juventud sea despreciable por el estudio. De este modo, nuestro individuo será “menos joven”, sin dejar de serlo, y no “nada joven”. La aplicación más importante de toda esta teoría son los Controladores Borrosos. Éstos consiguen que las máquinas sean más sabias. Combinando Conjuntos Borrosos, a los que se les ha aplicado normas derivadas del Conocimiento Experto (volvemos al empirismo), se diseñan artefactos capaces de saber desenvolverse en condiciones no regladas mediante fórmulas matemáticas simples. Es un paso de gigante en el desarrollo de la Inteligencia Artificial, puesto que se trata de pasar de modos de razonamiento exactos (Lógica Clásica), a modos de razonamiento aproximados (Lógica Borrosa).

 

Las grandes compañías de electrónica japonesas dicen haberse interesado por las aplicaciones de estas teorías en los electrodomésticos, porque hacen más fácil al consumidor final el manejo de los aparatos... Un video de Panasonic que se vende en Japón puede ser programado diciéndole: “Tendrías que grabar el programa que empieza a las 6 en el canal 3”. Pero la verdadera razón que ha llevado a las multinacionales niponas a desarrollar frenéticamente esta innovación es su economía. Todo esto se puede conseguir también con procesadores basados en la Lógica Clásica, pero mediante Lógica Borrosa es mucho más barato. Ello estriba en que el conjunto de reglas a aplicar en un sistema es muy reducido, al no tenerse que contemplar estrictamente todas las posibilidades, siendo el resultado igual de satisfactorio.

 

Mediante Lógica Borrosa se explota el enorme potencial de la imprecisión humana. Las aplicaciones se empiezan a vislumbrar en el resto del mundo, aunque están en uso ya en Japón: enfoque de cámaras de fotografía y vídeo, control de trenes subterráneos, reguladores de duchas, lavadoras, aspiradores, microondas, televisores, aire acondicionado, marcadores de teléfono, frenos de automóviles, marcapasos, administración de medicamentos, fertilización agropecuaria, observaciones astronómicas, control de ascensores... Y los futuros nanobots, o robots diminutos. “Nano” significa una milésima de una millonésima de metro. Los ordenadores actuales utilizan microprocesadores, en la escala de la millonésima de metro, y ya han alcanzado sus límites cuánticos. El siguiente paso es el chip de polímero, que transmite la información mediante impulsos químicos. Un minipoblado de nanobots con cerebros borrosos será capaz de internarse en el cuerpo humano y erradicar el SIDA o el cáncer y las células enfermas, y reparar los órganos envejecidos, agudizando nuestra vista, potenciando las papilas gustativas o limpiándonos los dientes. Enjambres de nanobots en el aire engullirán los contaminantes y la lluvia ácida y mantendrán fuerte la capa de ozono. Devorarán los venenos del agua y limpiarán los lagos y los ríos.

 

Aunque todo esto sucederá a largo plazo, pronto verán la luz nuevas aplicaciones, y la más interesante e inquietante es la referida a la construcción de autómatas. ¿Podremos diferenciar dentro de unos años a un ser que duda (humano) de un ser que calcula aproximadamente (robot borroso)? ¿Importará algo la diferencia? ¿Qué diferencia? El Principio Borroso en Filosofía afirma que “todo es cuestión de grado”. La contradicción no existe en la vida real; sólo en el lenguaje con que a ella nos referimos.

 

 

http://pagina.de/melguencio